Por Lucas Shaerer

Creyentes que rezan todos los días el Rosario, vía llamada de WhatsApp, se dieron cita para rezar en Plaza de Mayo, antes del inicio del homenaje al Papa Francisco (fallecido el 21 de abril de 2025) que encabezó el cura DJ, Guilherme Peixoto.
Armaron un flyer con la convocatoria al Rosario a las 18 horas, donde las intenciones de la oración estaba el Papa Francisco, la paz y la justicia social. Fue debajo del olivo de la paz que se dieron cita. En diagonal a la Catedral porteña donde hace 26 años Jorge Mario Bergoglio, siendo arzobispo y cardenal, plantó ese árbol símbolo de la paz junto a un imán (líder musulmán) y un rabino (religioso judío). Pero finalmente se corrieron unos metros, sobre la vereda, debajo de un farol. Los acompañaba la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina. Detrás el inmenso escenario y las pantallas que anticiparon el homenaje con el formato inédito de música electrónica.
Con un pequeño parlante y un micrófono, que aportó Jorge un militante sindical en sillas de ruedas sin la mitad de sus piernas, se inició la ronda del Rosario donde cada misterio leía y conducía una persona distinta. Al grupo convocante se sumaron católicos que fueron al recital pero no sabían de la iniciativa de oración.
El ir y venir de la gente era permanente. El día se transformó en la noche. La cantidad de gente dejaba menos espacio para circular. Pero se armó un cinturón de gente, de todas las edades de parroquias y creyentes sueltos, con sus rosarios en la mano, que rezaban delante de la imagen de la Virgen gaucha. Estaba sobre una mesa plegable y había venido desde el Congreso Nacional en andas. Muchos la tocaban. Le hacían fotos. Vendedores ambulantes rezaban a lo lejos para verla. Un Ave María y seguían. Otros se quedaron un ministerio y siguieron camino. Los últimos misterios se escucharon con más fuerza de los orantes. Se juntaba más gente. El show estaba por empezar.

Al volver la imagen hacia la zona del Congreso Nacional la multitud que entraba por avenida de Mayo se le abalanzaba a la Virgen de Luján. Con alegría la miraban y la tocaban, hacían foto, le gritaban vivas como a Francisco. La gente entraba a la Plaza de Mayo y se colmaba. Otro grupo de peregrinos andaba con otra imagen de la Virgen con la particularidad que tenían en la reyerta luces azules colgando. También había un peregrino que la llevaba encima de su cabeza. Mientras que desde la Basílica de Flores habían salido con otra imagen de la Virgen de Luján en un carrito una decena de peregrinos del grupo “Causa Nacional” que se están entrenando para la peregrinación de los jóvenes a la Basílica de Luján.
La simbología católica estaba por todos lados. En los creyentes con sus remeras, cruces o Rosario colgado, otros en modo recital se habían disfrazado de curas o monjas. Se sumaron todos. Desde los pobres de las parroquias de barrios populares de la periferia porteña o del conurbano, varios grupos de la Familia Grande de los Hogares de Cristo, como familias con sus hijos, abuelos, fanáticos de la música electrónica hasta de las parroquias de los barrios más pudientes. Hasta hubo secretarios generales de sindicatos, como dirigentes sociales y funcionarios porteños.
